19 de Diciembre (Id=34)

Antífona de Entrada

El que ha de venir, vendrá sin tardanza, y ya no tendremos nada que temer, porque él es nuestro salvador.
Qui ventúrus est véniet et non tardábit, et iam non erit timor in fínibus nostris, quóniam ipse est Salvátor noster.

[Misa]

Oración Colecta

Oremos:
Dios nuestro, que te dignaste manifestar al mundo el esplendor de tu gloria por medio del parto
de la santísima Virgen María, concédenos venerar con fe íntegra y celebrar con sincera piedad el
gran misterio de la encarnación de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

El nacimiento de Sansón es anunciado por un ángel

Lectura del libro de los Jueces
13, 2-7. 24-25a.

En aquellos días, había en Sorá un hombre de la tribu de Dan, llamado Manoa. Su mujer era
estéril y no había tenido hijos. A esa mujer se le apareció un ángel del Señor y le dijo:
"Eres estéril y no has tenido hijos; pero de hoy en adelante, no bebas vino, ni bebida
fermentada, ni comas nada impuro, porque vas a concebir y a dar a luz un hijo. No dejes que la
navaja toque su cabello, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre y
él comenzará a salvar a Israel de manos de filisteos".
La mujer fue a contarle a su marido:
"Un hombre de Dios ha venido a visitarme. Su aspecto era como el del ángel de Dios, terrible en
extremo. Yo no le pregunté de dónde venía y él no me manifestó su nombre, pero me dijo: "Vas
a concebir y a dar a luz un hijo. De ahora en adelante, no bebas vino ni bebida fermentada, no
comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta
su muerte".
La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo y el espíritu del
Señor empezó a manifestarse en él.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 70

Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
 
Repleátur os meum laude, ut cantem glóriam tuam.

Señor, sé para mí un refugio, ciudad fortificada en que me salves. Y pues eres mi auxilio y mi defensa, líbrame, Señor, de los malvados.
Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Repleátur os meum laude, ut cantem glóriam tuam.

Señor, tú eres mi esperanza; desde mi juventud en ti confío. Desde que estaba en el seno de mi madre, yo me apoyaba en ti y tú me sostenías.
Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Repleátur os meum laude, ut cantem glóriam tuam.

Tus hazañas, Señor, alabaré; diré a todos que sólo tú eres justo. Me enseñaste a alabarte desde niño, y seguir alabándote es mi orgullo.
Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Repleátur os meum laude, ut cantem glóriam tuam.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Retoño de Jesé, que brotaste como señal para los pueblos, ven a librarnos y no te tardes.
Radix Iesse, stans in signum populórum: veni ad liberándum nos, iam noli tardáre.
Aleluya.

Evangelio

El nacimiento de Juan es anunciado por un ángel

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
1, 5-25

Gloria a ti, Señor.

Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías,
casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios,
pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero
no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.
Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó
a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el
incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.
Se
le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo,
Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él.
Pero el ángel le dijo:
"No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a
quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se
alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni
licor y estará lleno del espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos
israelitas al Señor; irá delante del Señor con el Espíritu y el poder de Elías, para convertir los
corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle
así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo".
Pero Zacarías replicó:
"¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad
avanzada".
El ángel le contestó:
"Yo soy Gabriel, el que asiste a Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena
noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no
haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo".
Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en
el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el
santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo. Al terminar los
días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco
meses no se dejó ver, pues decía:
"Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
[Misa]

 

Oración sobre las Ofrendas

Mira, Señor, con bondad las ofrendas que te presentamos, para que tu poder consagre los dones
de nuestra pobreza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

La doble espera de Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien todos los profetas anunciaron y la Virgen esperó con inefable amor de madre; Juan lo
proclamó ya próximo y lo señaló después entre los hombres.
El es quien nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para
encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno
de tu gloria:
[Misa]

 

Antífona de la Comunión

Vendrá a visitarnos de lo alto un sol naciente, Cristo el Señor, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Te damos gracias, Señor, por los bienes que nos has dado, y te rogamos que enciendas en
nosotros el deseo de lo que nos has prometido, para que, con un espíritu renovado, podamos
celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

[Misa]

Amén. -19/12/2000-----19/12/2005-19/12/2006---19/12/2009--19/12/2011----19/12/2015-19/12/2016- 19/12/2017-